Padres demasiado permisivos o demasiado protectores
El tipo de ambiente en que los niños crecen viene determinado por el estilo de educación que reciben y tiene importantes consecuencias en su desarrollo y comportamiento posteriores. Los patrones educativos que los padres adopten determinarán la manera en que sus hijos se ajustan socio-emocionalmente. Así que, si se adopta un patrón educativo extremo, las consecuencias psicológicas para los niños pueden ser lamentables.
Uno de estos patrones extremos es el de los padres demasiado permisivos.
Este patrón viene definido por progenitores muy afectuosos pero poco exigentes y que jamás imponen límites o disciplinas de reglas u horarios a sus hijos. El resultado de tanta permisividad son hijos demasiado impulsivos y que no entienden los límites. Tienen también dificultad para asumir hasta las responsabilidades más básicas, lo que aumenta las probabilidades del fracaso escolar y el desarrollo de conductas de alto riesgo. Son personas que no tienen autodisciplina ni autocontrol y que siempre dejan todo a medias, ya que debido a la falta de exigencia en el ambiente es difícil que desarrollen un carácter persistente.Por otro lado, unos padres que presenten patrones demasiado protectores tendrán problemas para aceptar la independencia de sus hijos y adoptarán actitudes extremadamente controladoras e incluso autoritarias. Este tipo de progenitores proyectan sobre sus hijos su miedo a que algo malo ocurra y a que al madurar ya no los necesiten. Las consecuencias en la psicología de los hijos son la inseguridad y la frustración, el desarrollo de una baja autoestima y escasas habilidades sociales, llegando incluso a la fobia social en casos muy extremos. Son personas dependientes y miedosas a las que tampoco se ha enseñado a tomar responsabilidades.Los extremos no son buenos y está claro que los niños necesitan aprender donde están los límites porque esa disciplina es lo que les ayudará a guiarse por la vida de manera correcta. También hay que tener en cuenta que imponer normas no debe ser sinónimo de sobreproteger y apartar de toda situación no controlada, pues los niños deben aprender a afrontar dificultades y construir su autoestima e independencia para ser adultos responsables y equilibrados.
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